Posted by on 23/07/2012

El Museo de León conserva piezas que nos cuentan las visicitudes de la vida que tuvieron sus propietarios. Estelas, colgantes, amuletos o cuadros esconden enigmas que los historiadores no han podido desvelar.

 

Interesante es el campo de las estelas:

 

– Allí, por ejemplo, se resguarda la primera palabra leonesa que se conoce: ‘páramo’. La voz aparece en el Ara de Diana, una estela votiva que debemos a Quinto Tulio Máximo, legado augustal de la Legio VII mediado el siglo. Su texto, en impecables capitales clásicas, se distribuye en las cuatro caras verticales.

– Siguiendo con las estelas, especialmente entrañable resulta la que nos habla de las tribulaciones del legionario Lucrecio Proculo, a quien la vida enfrentó al dolor de enterrar a su hijo, nuera y nieto. La aflicción del soldado ha quedado cincelada para la eternidad gracias a una lápida de delicada tristeza, en la que el ‘huérfano’ graba las representaciones de sus seres queridos a través de un jabalí, una cierva y un cervatillo.

– Y ¿quiénes eran los vadinienses? Se sabe que era un pueblo cántabro, pero ningún arqueólogo ha podido determinar dónde estaba su capital. Sus estelas siempre se han encontrado fuera del lugar de emplazamiento que debieron tener y por ello se cree que eran nómadas, que se movían de manera estacional. Las inscripciones aparecidas en las lápidas de este pueblo son singulares por varias razones. En primer lugar porque se usa piedra de río sin tallar.

Además, se adopta el latín y sus elementos funerarios, pero incluyendo figuras propias, como el caballo, representación del alma del fallecido. Además, siempre son personajes masculinos los que aparecen en ellas. Una de las curiosidades más notables de las estelas es que la edad de los finados acaba en cero o en cinco. La razón hay que buscarla en el hecho de que no tenían un censo institucionalizado como los romanos, con lo que no conocían de manera exacta la edad que tenían.

– La única excepción —y aquí radica el misterio— es la lápida de una mujer llamada Maisontinisa que murió con 19 años. La triste lápida que Aliomo tuvo que dedicar a su hija, fallecida prematuramente, es uno de los ejemplares más bellos del conjunto vadiniense, y uno de los pocos dedicado a una mujer.

 

diariodeleon.es – 14/07/2012

 

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Posted in: Arte, En León

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