Ad Legionem

Es conocido que la ciudad de León debe su origen al campamento romano que, pocos años antes de la era cristiana, levantó la Legio VI Victrix sobre un altozano situado en el vértice de confluencia de los ríos Bernesga y Torío. Casi un siglo más tarde, en el año 74 d. C., la Legio VII Gemina, sustituyó a la Victrix y fijó en León su campamento durante más de 300 años, hasta el fin de la presencia romana en Hispania, en el siglo V.

Durante todo este tiempo, la Legio VII fue la única guarnición existente en la Península Ibérica, seleccionándose este emplazamiento por causa de la vigilancia y apoyo logístico que los soldados debían prestar a las explotaciones auríferas del Noroeste, donde, según escribe Plinio, “se extraía el oro más abundante de la tierra”. No obstante, destacamentos e intervenciones de esta legión son conocidos en toda la Península e, incluso, en Germania y Dacia, Gran Bretaña, Siria y norte de África.

Un contingente de esta naturaleza, asentado con previsión de larga permanencia, necesitó de importantes infraestructuras para cubrir sus propias necesidades, tanto defensivas como de la vida militar ordinaria. La más imponente de ellas es la muralla, cuya planta rectangular encierra una superficie de veinte hectáreas. En realidad se trata de dos murallas, levantadas en momentos diferentes. La primera, del siglo I, es hoy visible en algún tramo; la segunda, paralela por el exterior o superpuesta en algún tramo a la primera, data de finales del siglo III y principios del IV. Esta última conserva la mayor parte de su trazado y exhibe todavía 36 torres, lo cual sorprende a la mayoría de los visitantes.

 

Un campamento militar de este porte y estabilidad también trajo consigo el establecimiento de una ciudad civil en sus inmediaciones: la cannaba, el lugar donde residían cuantos estaban vinculados o negociaban con el gran contingente de hombres allí destinados: familiares de los acuartelados –era práctica consentida que allí residieran las compañeras e hijos de los legionarios-, taberneros, comerciantes, artesanos, prostitutas… y alfareros, su núcleo principal se hallaba en el actual barrio de Puente Castro, en la margen izquierda del río Torío, sobre terrenos no edificados en su mayoría.

Artículo completo en: lacronicadeleon.es – 19/05/2013

 

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